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copiado del blog de Aula21
LA DICTADURA DE LA EDUCACIÓN
Javier Martínez Aldanondo.
Durante el mes de junio, los escolares chilenos paralizaron el país
reivindicando cambios en el sistema educativo. Aunque obtuvieron
algunas concesiones, sólo reclamaban mejoras accesorias (el envoltorio)
que tendrán muy poco impacto mientras desgraciadamente la calidad de la
educación seguirá igual (la fruta continuará podrida). Podemos recoger
a cada niño en su casa en una limusina y llevarle a un colegio tapizado
con alfombras persas, darle de comer caviar y la calidad de la
educación será la misma que hoy. Los estaremos enviando a un cine de
lujo a ver la misma película aburrida que no les interesa en absoluto.
Trate de recordar con cuántas de las clases que recibía en el colegio
soñaba usted entusiasmado deseando que llegase el momento de asistir.
¿Pocas verdad? ¿Y qué pasaba cada vez que el profesor salía del aula
por algún motivo?
Asumir que los resultados de las pruebas internacionales, donde se
mide, por ejemplo, el nivel de matemáticas, son un barómetro de la
calidad de la educación es un engaño y una simplificación vergonzosa.
¿Tanta influencia tienen las matemáticas en la vida profesional de un
adulto? ¿Y en su vida personal? ¿Cuánta gente dedica su vida a las
matemáticas? Habiéndome educado en España, estudié el último año de
secundaria en USA y escogí el nivel más alto de matemáticas. Aunque
parezca difícil de creer, yo era el que más sabía de toda la clase con
muchísima diferencia (por ejemplo, jamás llegamos a estudiar
Integrales), sin embargo todos salían de la escuela con el carnet de
conducir bajo el brazo. ¿Como es posible si USA es hoy el país más
avanzado del mundo? ¿Podríamos concluir que nuestros compañeros de
escuela con mejores puntajes son hoy en día ciudadanos felices y
exitosos? En el caso de que los resultados de esas pruebas fuesen
extraordinarios, la realidad de la educación sería igualmente
dramática. Un buen puntaje no es sinónimo de una buena educación. La
sociedad sigue convencida de que si los escolares estudiasen más y
sacasen mejores notas, el problema de la educación estaría resuelto. ¿Y
por qué no quieren estudiar los escolares? ¿Será por falta de
capacidad?
Empecemos por esta simple pregunta: ¿Para qué educamos a nuestros
niños? Para prepararles para la vida y entregarles herramientas para
enfrentar la sociedad del SXXI, es decir, para que sean autónomos,
capaces de decidir, innovar y guiar sus propias vidas en lugar de
memorizar datos, estresarse con los exámenes y obedecer órdenes.
Aprender es importante porque educamos a los niños para un mundo que no
podemos predecir. Sin embargo, los esfuerzos (y la presión desmedida)
se concentran en la trampa de prepararlos para obtener buenas notas y
hacer el trabajo tedioso de clasificarlos para acceder a la
universidad. Los adultos, y la empresas que contratan a los recién
licenciados, sabemos, demasiado tarde, que lo realmente imprescindible
para vivir “exitosamente” no se aprende en las aulas, no se mide con
exámenes ni generalmente lo enseñan los profesores: Expresarse
adecuadamente, relacionarse y comunicarse con los demás, crear redes y
trabajar colaborativamente, vender, razonar y pensar críticamente,
criar hijos, entender sobre salud y nutrición, manejar tus finanzas
personales, dominar el estrés, gestionar la autoestima …
La educación tiene 2 graves problemas mucho más serios y complejos que lo que indican esas pruebas tan veneradas como inútiles:
- QUÉ se enseña: Lo que la escuela trata de enseñar no tiene nada que
ver con lo que sabemos que vamos a necesitar en el futuro ni con lo que
les interesa a nuestros jóvenes. Ya es hora de reconocer que el
curriculum actual se diseñó para un mundo que dejó de existir hace 150
años. Los educadores y los políticos están más preocupados de la
trigonometría, la tabla de los elementos o el pasado pluscuamperfecto y
de cumplir los programas comprometidos. ¿Qué impacto tienen la
biología, la física, el álgebra en la vida que les espera? ¿Por qué no
enseñar alfarería, apicultura o danza? El principal hombre de negocios
del mundo (Bill Gates) abandonó la universidad antes de terminar sus
estudios y el principal hombre de negocios de España (Amancio Ortega,
propietario de Zara) ni siquiera puso sus pies en ella. ¿Donde se
estudia para ser Ronaldo, Madonna o el Presidente Lagos? El mal del
ombliguismo nos lleva creer que sabemos lo que los jóvenes necesitan y
quieren aprender y siempre olvidamos que el anzuelo le tiene que gustar
al pescado y no al pescador.
- CÓMO se enseña: Sentar a nuestros hijos en un aula para que
escuchen y memoricen durante 18 largos años no es la mejor manera de
que aprendan. Aprobar un examen no es sinónimo de aprendizaje. Para
aprender hay que practicar, hay que hacer y acumular experiencia; esa
es la manera de construir conocimiento y en las aulas no se practica
nada. Hoy valoramos la capacidad de memorizar para aprobar un examen.
¿Cuántas personas serían capaces de aprobar la prueba de acceso a la
universidad si tuviesen que hacerla hoy? ¿Y de aprobar alguno de los
examenes que hizo en la universidad? Si educamos para competir,
obedecer y sacar buenas notas, no podemos exigir al mismo tiempo
innovación, creatividad y emprendimiento. Demasiados niños van al
colegio como al dentista, dispuestos a pasarlo mal y esperando que
termine cuanto antes. No se puede obligar a nadie a aprender, igual que
no se puede obligar a profesar una religión.
El principal cáncer de la educación son los exámenes y más que
ningún otro, el examen de acceso a la universidad. El sistema está
diseñado para enseñar lo que se puede medir en los exámenes, los
alumnos sólo se interesan por las notas y a los profesores y a las
escuelas se les evalúa por los resultados de los alumnos. Curiosamente,
a nadie le importa aprender.
Aunque entiendo que no es el objetivo del sistema educativo, el
resultado es que el colegio termina teniendo sospechosas similitudes
con la cárcel. Se esfuerza por amansar y anestesiar a esos niños que
llegan llenos de energía y acostumbrados a hacer preguntas que es el
elemento fundamental para aprender. Si no te haces una pregunta, no
aprendes. Sin embargo, las preguntas suelen ser incomodas para la
mayoría de los profesores y el problema es que la escuela está repleta
de respuestas a preguntas que nuestros niños no se hacen. El sistema
educativo está diseñado para amoldar a las personas a un modelo
predefinido. Te dice: este es el modelo del mundo correcto que debes
aceptar y conocer, no importa que tú quieras construir el tuyo propio,
no importa lo que te interesa sino que nosotros ya hemos decidido qué
debes aprender, cuando y cómo, ya sabemos lo que te conviene y a partir
de los 6 años, te encierra en esa prisión, te instala el miedo a
equivocarte y te advierte que esas serán las reglas (todo el poder en
manos del profesor), ese será tu calendario de vida, eso será lo que
harás y como te deberás comportar para que te validemos. No importan
tus sueños, importa que compitas y demuestres lo que sabes
individualmente. Todos aprenden lo mismo, al mismo ritmo pero lo hacen
individualmente. Es incongruente mantener y potenciar este sistema y al
mismo tiempo hablar de ciudadanos libres, autónomos, democráticos y por
tanto de libertad. Este es el peor sistema posible para educar personas
que sepan colaborar que es la base de la sociedad del conocimiento. En
Chile se ha creado hace unos meses el Consejo Asesor Presidencial de la
Educación formado por 81 expertos para que hagan propuestas para
mejorar la calidad y sin embargo la conclusión es “más de lo mismo”.
¿Cómo es posible que nadie esté dispuesto a cambiar, empezando por los
Ministerios de Educación, cuando todos estamos unánimemente de acuerdo
en que la educación hace aguas de manera irremediable? Posiblemente la
solución no está en las manos de los expertos en educación, incapaces
de dudar de sus viejos paradigmas.
Seguimos educando para la sociedad industrial, para el mundo de ayer
aunque sabemos que las habilidades requeridas hoy en día no forman
parte del curriculum. Y eso solo se explica porque seguimos
considerando más importante la Física que el Trabajo en Equipo. Lo más
increíble es que hay consenso general en que no hay nada más
prioritario que la educación pero al mismo tiempo se impone una rígida
dictadura apoyada en las 3 Ps: Profesores, Padres y Políticos, cada uno
con sus propios intereses para que nada cambie.
¿Y la Tecnología? Debe ser el caballo de Troya que permita que algo
se mueva de una vez por todas pero llenar las aulas de computadores y
banda ancha no resolverá nada. Hasta hoy el computador se entiende como
una herramienta para mejorar la presentación de contenidos. ¿De eso se
trata la educación, de presentar mejor los contenidos? El Powerpoint es
una pésima herramienta para aprender aunque es mayoritariamente la más
empleada para generar contenidos para aprendizaje. Tecnologías como la
tiza y la pizarra o el Powerpoint y el videoproyector están ahí porque
son fáciles de usar pero sobre todo porque no exigen cambiar. Hay
dictaduras plenamente vigentes y no va a ser nada fácil provocar la
revolución que tenemos pendiente.
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