|

http://www.webquestcat.org/~webquest/estiu05/lazarillo/index.htm
http://www.webquestcat.org/~webquest/estiu05/lazarillo/index.htm
EstaWebQuest, creada hace un año por Carme Duran, la volvemos a recomendar para añadir el enlace al weblog donde se pueden leer los magníficos trabajos que los alumnos han realizado
http://lazarilloyelciego.bitacoras.com/
Felicidades a la autora como creadora de WQ y como profesora que ha llevado a la práctica con sus alumnos esta estrategia didactica y por supuesto felicidades a los alumnos.
( copiamos también aquí los trabajos de estos alumnos )
Lunes, 06 de marzo de 2006
Acabava de recibir una calabazada, con el toro. Nos dirigimos a hospedarnos en el convento de san esteban, esa tarde llovía a cantaros y por lo tanto todo estaba inundado. Teníamos que pasar pos un riachuelo, por lo tanto yo pase primero y le fui guiando para que pudiera pasar por encima delas cuatro piedras que había por allí. Pero para devolver-le todos los golpes y las piedras que me había dado, le quite las piedras y se tropezó, así que se mojo entero, de arriba abajo. Al llegar al convento, nos recibieron las monjas que lo habitaban y que eran muy amables con los huéspedes. Nos ubicaron en una habitación que tenia una ventana desde la que se podía divisar el Palacio de Monterrey. Las monjas nos recomendaron ir a cenar al mesón cercano al palacio, que era uno delos sitios donde mejor se comía. El viejo y yo fuimos a ver si podíamos cenar, pero el dinero solo llegaba para uno y el viejo decidió ir solo, para que el viejo estuviera seguro de que yo no iba a intentar entra me dejo encerrado en la habitación. Cuando el viejo se fue a cenar nos e acordó de que se dejaba el fardel, el viejo tenia tanta hambre que tardo mas de tres horas. Yo aproveche esa oportunidad de oro primero se me comí toda la comida que había y cogí intente escapar de esa habitación oscura y sucia del claustro, intente muchas cosas intente tirar la puerta abajo, salir por la ventana etc... pero no conseguí nada durante mucho rato, faltaba muy poco tiempo para que el viejo volviera y fue cuando me desespere e intente con todas mis fuerzas tirar la puerta abajo y de la fuerza con la que lo intente, me di un golpe muy fuerte y me caí al suelo encima de una alfombra, me di cuenta que debajo de la alfombra había otra llave, sin pensarlo dos veces cogí la llave y abrí la puerta rápidamente, empecé a correr y cuando salí del claustro recibí un fuerte golpe en la cabeza, y perdí el conocimiento. Al cabo de un rato me desperté, estaba otra vez en esa habitación sucia y oscura del claustro. Empecé a escuchar unos pasos muy fuertes, me acerque a abrir la puerta y era ese viejo asqueroso, ese fuerte golpe fue el viejo que me empezó a apedrear para que no escapase. Me cogió todo el dinero, entro en la habitación y me pego tal paliza, por haberme comido toda la comida, que al día siguiente no podía moverme, esa paliza me dejo claro que otro día cuando escapara miraría antes de salir y no saldría a la desesperada.
IES CAN PUIG Xavi García Y Maria García
Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Lunes, 06 de marzo de 2006
Un día el ciego y Lazarillo fueron a la casa de las Conchas a pedir limosna. Mientras el ciego rezaba y la gente le tiraba monedas yo, en un movimiento rápido y audaz cogía las blancas sin que el se diese cuenta. Pero el muy astuto, al llegar a la catedral me registró. Y me encontró 15 blancas y al irse a casa y me dijo que me dejaría una semana si comer. Al día siguiente el ciego y yo fuimos al mercado y me mando comprar algo de comida. Mientras el ciego no se daba cuenta yo me comía un poco de la comida que compraba, pero al llegar a casa el ciego se dio cuenta de que faltaba la mitad de la comida y me dijo:
-¿lazarillo donde esta la mitad de la comida?- me dijo enfadado.
-¡no lo se! ¡a mi me lo han dado así!- dije yo.
Pero el ciego, como no es tonto y además siempre va a comprar la comida en el mismo sitio y le daban la comida toda entera, sabia que había sido yo. Y el ciego cogió un bastón y me empezó a dar golpes en la barriga sin parar asta que vomité la comida.
IES Can Puig Luis Cantalapiedra
Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Lunes, 06 de marzo de 2006
Estábamos en frente de la fachada de la clerecía mi amo y yo sentados esperando los primeros rayos de sol de la mañana, cuando de repente, como si un mosquito le picara en su gran narizota, se levantó enérgicamente, mientras chismorreaba algo que me costó entender. Poco después de su penosa explicación averigüé que quería dar un paseo y así fue. Nada más decirlo le acompañé a dar un pequeño paseo por los alrededores de la catedral vieja. Mientras caminaba, intentaba pensar cómo vengarme una vez más de mi amo, ya que esa noche me la había vuelto a jugar, no dejándome un trozo de manta vieja y maloliente llena de agujeros, como si alguien se hubiera parado a hacerlos, dejándome a mí recostado en el árbol lo más acurrucado posible para resguardarme del viento, que atizaba fuerte las hojas del maldito castaño. Pues me las tenia que apañar para fastidiarle. Finalmente, mi amo, cansado de andar, me propuso sentarnos. Entonces lo llevé debajo de un manzano resguardándonos del ardiente sol de mediodia que nos atizaba con sus rayos en el cogote dejándonos medio alelados. Estábamos cansados y los dos nos estiramos para poder dar una cabezadita. A punto de dormirme miré arriba y vi un montón de manzanas rojas relucientes que pedían ser comidas. Miré al ciego y vi que estaba en un estado de sueño profundo dándome a mí la oportunidad de trepar por las ramas en busca de las manzanas. Ya llevaba cuatro entre mis manos y (como dice el refrán la avaricia rompe el saco) al intentar coger otra más perdí el equilibrio cayéndome encima del ciego con las manzanas, despertándolo quien, como era de esperar, se levantó con un genio de mil demonios y acabó golpeándome como siempre hace en estas situaciones en las que me veo envuelto.
IES CAN PUIG MARTA Y IRINA
Por: Carmen Durán | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Lunes, 06 de marzo de 2006
Todo empezó en la iglesia de San Martín un día como otro cualquiera en el que yo le cambiaba las blancas, por medias blancas. Ese día el ciego había ganado mucho dinero y de esa manera yo también.
Al llegar el atardecer nos dirigimos hacia el puente romano y por el camino el malvado ciego me dijo con tono de burla:
- ¡Esta noche cenaré muy bien, he ganado mucho!
Que hijo de puta es este ciego, pensé yo. Porque sabía que a mí no me daría más que sobras raquíticas.
Cuando llegamos al puente romano, pasando por delante del toro, el ciego se tropezó y se le cayó la bolsa donde guardaba todas sus blancas al río, maldijo a toda mi familia por no haberle avisado de que había baches en el camino. Esta vez no lo había hecho a propósito, ya que si el ciego se quedaba sin blancas yo no comía nada. El ciego me dijo:
-Lázaro, tírate al agua a por las blancas y te daré un cuarto de mi cena, pero sino las recuperas no comerás hasta que yo lo decida.
Yo desesperado me tiré al agua en busca de las blancas, pero lo que yo no sabía era que el ciego había tirado a propósito la bolsa de las blancas, estuve un buen rato buscando la bolsa, hasta que la encontré, pero vacía, creí que las blancas se habían salido de la bolsa y, temiendo a las amenazas del ciego cogí mis blancas previamente robadas y las introduje en la bolsa. Así que salí del agua diciendo que las había encontrado. Se las entregué y al segundo me dio tal garrotazo que me dejó atontado y entre risas me dijo:
-Tonto, la bolsa que tiré no tenía más que piedras, lo hice para que me entregaras las blancas que me habías robado en la iglesia, tienes mucho que aprender Lázaro y te pasarás una semana sin comer.
Nicolas Olivera Marino Jordi Ayala Poveda Albert Moliner Romera
Por: Carmen Durán | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Lunes, 06 de marzo de 2006
Ya había caído la tarde, la noche estaba muy fría me acuerdo que ese día no me había ido muy bien. Estaba hambriento y con frió, el ciego no me había dado como siempre, esa noche pasamos por la catedral vieja y no quedamos a dormir detrás de ella. El ciego cabrón se había comprado un buen trozo de pan con una buena cantidad de vino. Yo me moría por probar el pan pero el desgraciado no me invito nada de nada, comió un pedazo de pan y se acabo todo el luego guardo el pan en su bolsa vieja que no dude en asaltar, pero primero espere que se durmiera. Me acabe todo el pan de un bocado. Satisfecho me puse a descansar porque mañana seria un largo día. Al día siguiente desperté con los gritos del ciego: - Lázaro, Lázaro, despierta tu eres el que se ha robado mi pan. Esa vez no la olvidare, por que me dio una paliza muy grande. Ese día no me moví para nada por el dolor que sentía. Cada paliza aumentaba mi odio por el y mis ganad de dejarlo y no verlo nunca mas.
IES Can Puig.
Angel David Peña y Brayan Molina
|